domingo, 7 de noviembre de 2010

Lectura 1

Disfunción Familiar: Causas y Efectos
Hasta la década de los noventa, el término "familia disfuncional" se empleó para referirse a núcleos sociales con notables problemas de violencia y falta de comunicación; sin embargo, en los últimos años ese concepto ha cambiado radicalmente, al grado de que los psicólogos afirman que toda familia tiene cierto grado de disfuncionalidad, que a largo plazo deteriora las capacidades e interacción social de sus integrantes.
“Una familia disfuncional con el tiempo genera personas disfuncionales, quienes van a trabajar, acuden a la escuela y se relacionan como pueden con los demás,” explica la terapeuta familiar Cecilia Quintero Vásquez. “Los efectos negativos no sólo se observan en los hijos, sean niños o adolescentes, sino también en los padres, con múltiples repercusiones sociales y laborales que van más allá de la violencia y las adicciones.”
Cuando la familia impide crecer
El concepto de "familia disfuncional" es ya de uso común y, al menos de forma aproximada, mucha gente lo entiende. Su origen se encuentra en el área de la psicología y en un principio sirvió para designar a aquellas células de la sociedad con situaciones conflictivas que iban en detrimento del buen desarrollo de las habilidades de sus integrantes, sobre todo de adolescentes y niños.
A partir de esa idea se han explicado muchos fenómenos sociales: alcoholismo, drogadicción, violencia, agresividad o delincuencia, de modo que un juicio superficial podría señalar a este tipo de familias como el origen y única responsable de los males comunitarios, pero no es así.
“Los conocimientos que se han generado en cuanto a las relaciones humanas nos obligan a redefinir este término para apreciar todos sus matices,” indica Cecilia Quintero Vásquez, terapeuta familiar. “La palabra disfuncional nos dice que la familia ‘no funciona’; es decir, que no cumple las labores que le atribuye la sociedad, pero esto no es tan literal. Yo diría que estos grupos, aunque mal, están funcionando, y que sus individuos, aun con errores, se desenvuelven. Por otra parte, los pacientes suelen decirnos que ‘tienen problemas y discuten, como todo el mundo’, y con esto nos recuerdan que ellos no son los únicos con dificultades.”
La especialista afirma que es importante comprender que en el hogar encontramos un grupo primario; es decir, aquel en el que el individuo adquiere un nombre, aprende a amar y ser amado, comprende significados, descubre quién es con base en sus características físicas y psicológicas, asume roles de conducta, crea hábitos, se comunica y establece patrones para sus relaciones afectivas; pero también que la familia es un sistema que sirve como intermediario entre la sociedad y el individuo (mesosistema).
En este sentido, indica que “debemos poner atención en el momento en que las cualidades de este grupo afectan el crecimiento de sus integrantes, pues aunque los más vulnerables tienden a ser los hijos, porque están en formación, cuando vamos al fondo es común descubrir que una familia disfuncional afecta a todos y también puede ser una fuente de frustración para los padres”.
Por ejemplo, si el varón se restringe a su rol de proveedor de la casa, que socialmente sigue siendo una de sus principales participaciones, hará todo lo posible por obtener lo que hace falta para cubrir las necesidades de su grupo, y esto implica que la presión que sienta por su situación económica le afectará. Asimismo, cuando la madre se desempeña en una dinámica absorbente como ama de casa y/o profesionista, dedicando todo su esfuerzo a sus seres queridos y sin obtener los resultados que espera, tiende a sentir frustración.
“Los adultos necesitan llevar a cabo su proyecto de vida, tener niveles de aspiración, porque de no ser así la familia puede convertirse en una fuente de obstáculos. En esto debemos poner mucha atención, cuando las necesidades ya no se están cubriendo al cien por ciento, porque todos son perjudicados, no sólo los niños,” acota Quintero Vázquez.
Realización y satisfacción afectiva
La mejor comprensión de la psicología humana, así como de las relaciones interpersonales y las que se crean en el interior del hogar, nos han llevado a entender que la salud psicológica se basa en dos ejes fundamentales: la realización personal y la satisfacción afectiva. Para Cecilia Quintero, comprender ambos aspectos es, en buena medida, la clave para saber qué sucede hacia el interior de una familia disfuncional.
En cuanto a la realización, la terapeuta familiar explica que “consiste en que alguien haga lo que quiere y no realice lo que no se desea, de modo que vaya adquiriendo una sensación gradual de potencia, de placer. Esto se ha deteriorado a nivel social, pues cada vez se vuelve más general la percepción de que uno mismo no es quien determina lo que pasa, y la responsabilidad se deposita en otras personas. A tal grado llega esto, que dejamos que todo sea un asunto de 'buena suerte' y que un amuleto o pócima nos ayude a tener salud, éxito, amor o dinero”.
Añade que en la medida en que se pierde la sensación de potencia se incrementan la frustración, irritabilidad, desesperación y conflicto.
“Si observamos con atención, vamos a descubrir que las familias disfuncionales son aquellas que no están permitiendo la realización de sus individuos, y no les dan las condiciones para que alcancen esa impresión de que pueden tener aspiraciones y cumplir sus objetivos.”
El otro eje de la salud psicológica, la satisfacción afectiva, va de la mano con las relaciones que se establecen en sociedad. “En la medida en que una persona se sienta a gusto con sus vínculos, puede alimentar una autoestima positiva y tener seguridad, sin olvidar que a través de esto se afianzan elementos de comunicación, formas de expresión o creación, así como la capacidad de compartir.”
Cuando las relaciones se complican, es evidente que se pierde el grado de satisfacción por la vida, y esto hace que lo que no se obtiene de forma cotidiana en la cantidad necesaria, se trate de conseguir compulsivamente.
“Ahí están las compras compulsivas, la adicción a drogas o alcohol, comer en exceso o adoptar una ciberpatología, como le pasa al niño que se queda pegado a los videojuegos o el joven que no deja el celular o la computadora, ya que a través de internet y de las salas de plática (chat) encuentra a la gente que por su inhabilidad no podría conocer.”
La psicóloga enfatiza que “se considera que una familia disfuncional, a largo plazo, generará personas disfuncionales; sin embargo, el individuo va a trabajar, acude a la escuela y se relaciona como puede. La manera en que se vincula es donde debemos poner atención, en esas conductas que se generan y que pudieran ser paliativos o válvulas de escape por falta de realización y de satisfacción afectiva, y que les ayudan a recuperar, aunque con deficiencias, el equilibrio psicológico”.




No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada